martes, noviembre 05, 2013

Presentación de "Estética de la lluvia" (El Quirófano Ediciones, 2013) en Guayaquil, Ecuador.

Como parte del "VI Festival Internacional de Poesía IEC 2013" se presentará la edición ecuatoriana del libro Estética de la lluvia publicado por El Quirófano Ediciones. Presentará el libro el director del sello, el poeta Augusto Rodríguez (Miércoles 20 de noviembre, Centro Ecuatoriano Norteamericano, 20:15 hrs.) Todo el programa aquí




Leyendo la vida de Don Clotario Blest


domingo, octubre 27, 2013

"La ocupación de los terrenos" de Jean Echenoz en Revista Carcaj.

Comparto un nuevo escrito para Revista Carcaj acerca de la novela "La ocupación de los terrenos" de Jean Echenoz. Para leer, aquí


Imagen: Navaja

jueves, octubre 03, 2013

Una edición nueva de "Estética de la lluvia" en Ecuador.

Durante el mes de noviembre saldrá a la luz la "edición ecuatoriana" de Estética de la lluvia que será publicada por el sello "El Quirófano Ediciones" (Guayaquil, Ecuador). Estaremos en aquella ciudad a mediados de noviembre participando en el "VI Festival Internacional de Poesía Joven Ileana Espinel Cedeño 2013" y presentando este libro. Agradezco a Augusto Rodríguez por la edición e invitación. Hasta esa fecha!

miércoles, octubre 02, 2013

Nocturnos...


martes, octubre 01, 2013

"Primavera del libro": feria de editoriales independientes en Octubre.

domingo, septiembre 08, 2013

3er Encuentro de Clubes de Lectura en la Biblioteca de Santiago.

Este viernes estaré participando en el 3er Encuentro de Clubes de Lectura en la Biblioteca de Santiago. Estaré en la mesa de escritores: “Historias de iniciación lectora”, enfocada a compartir la experiencia lectora de los/as escritores/as, junto a Lorena Díaz y Rodrigo Hidalgo. Inscripción gratuita aquí y programa del encuentro aquí.




jueves, agosto 22, 2013

Decur y el seminario "Como leemos el mundo"

Uno de los invitados al seminario "Como leemos el mundo" fue el ilustrador argentino Decur. Fue este un seminario valioso e interesante en cuanto a las temáticas abordadas que entrelazaban el fomento del libro y la lectura junto al trabajo de los/as mediadores/as. También la visita de agentes culturales extranjeros vinculados al libro (la escritora argentina Liliana Bodoc y la académica española Ana Díaz-Plaja), agentes chilenos (Hervi, Rodrigo Salinas) y la información del trabajo realizado actualmente por el programa Lee Chile Lee, fueron aportes al conocimiento vinculado a esta área. Por último, los distintos talleres desarrollados en la jornada de la tarde sellaron un buen programa que fue pensado en su afán de mostrar y capacitar. En cuanto a Decur, comentó a los y las presentes su proceso hasta ser ilustrador profesional pasando por distintas etapas complejas en la vida pero siempre con una buena estrella. He aquí uno de los trabajos expuestos en la ocasión en donde el autor relató este proceso de búsqueda hasta llegar a su labor actual, siempre en compañía de estos muebles o escritorios como protagonistas de cada viñeta o boceto:


miércoles, julio 24, 2013

Cecilia Vicuña: el zurcir de la palabra

Escrito a partir del libro "Soy Yos" de Cecilia Vicuña publicado en la revista Carcaj. www.carcaj.cl 


Diseño: Navaja


¿Puede existir una escritura que dé la impresión de un hilar, un inconciente en la forma de remendar un continuo poema que es palabra y hebra, hacia una base que es el papel que recibe este hilvanar?

La idea del tejido en la historia poética de un país y el rol del/la poeta en ese entramado. Recuerdo hace algunos meses, un tema de conversación en una tarde con la poeta Elvira Hernández por el Paseo Bulnes. Me comentó de este “tejido poético” de la literatura chilena en donde, en ciertos momentos, tomamos la hebra y comenzamos a tejer. En este caso ¿Cuál es la relación de la palabra con el enhebro, el paso punzante hacia una escapatoria?

En el libro “Soy Yos” (LOM, 2010) de la poeta chilena Cecilia Vicuña, podemos cerciorarnos de la forma constante y genuina de ese “palabrarmas” que Vicuña ejerce con un “yo” en plural, concitando una unión hacia ese conjunto de cosas encontradas, lana, hilos y madejas que junto a sus poemas forman parte de un todo que fluye y es un río que dibuja al pasar:


La palabra es un hilo y el hilo es lenguaje.

La tejedora ve su fibra como la poeta su palabra.
El hilo siente la mano, como la palabra la lengua.

Hablar es hilar y el hilo teje el mundo.

(de “Palabra e Hilo”, 1996)


Entonces, la página en blanco es ahora parte no solo de un sinfín de merodeos y palabras que trascienden la naturaleza y el sosiego de los espacios comunes, sino que también es parte de un paseo que silencia todo lo concreto de las escrituras solemnes o calculadas, y somos parte de un desafío de significancia y significantes, sonidos y ejercicios visuales que decretan un horizonte distinto, una búsqueda en donde la mirada también se centra en tomar ese fino trozo de piedra que es detalle, naturaleza, vida. La palabra se palpa como se palpa una semilla y da tono a un sonido en el agua.

Y es así como en esta antología “diseñada” en compañía de Naín Nómez nos detalla cada uno de los gestos e impulsos que ha venido desarrollando la voz de Vicuña, a quien vamos descubriendo en cada uno de sus pasos, siendo parte de ese hilvanar, observando el devaneo:


Palabrar más o palabrir
es armar y desarmar palabras
para ver qué tienen que decir

Las palabras desean hablar.
Escucharlas es la primera labor.

(de “Palabrarmas”, 1984)


Ahora también vemos a la autora siendo parte de la relación entre lana y wik’uña. Entre los montes y alrededor de las palabras va sucediendo ese oro lánico, riqueza y fecundidad y ese hilo de agua, hilo de vida. Y de pronto está, nuevamente, el verse inmerso en toda la inmensa belleza de cosas encontradas, lana, hilos y madejas. ¿De que otra manera se podría unir una palabra con otra sino fuera “hilándolas”? Cecilia Vicuña, consciente o inconsciente de esto, da forma a un adiestrado sentir que evidencia una claridad hacia otros parajes que, ciertamente, parecen lejanos al tránsito de las ciudades y sus efemérides. Pero a la vez, también ligadas al tránsito común de cada día:


“Hay que acompañar el hilo” dice Don Pablo. Jalando y soltando
[ a la vez
la cuerda de un trompo que empieza a bailar.

(de “Instan / I tu”, 2002)


De este modo “Soy Yos” es ese plural que se adecua en todos los ámbitos del arte en el cual Vicuña desarrolla su forma de ver y sentir, siendo este, aquel ímpetu genuino que nace de una emoción, un impulso leve que despierta y se va en las semillas esparcidas por los caminos. Es “ella” en constante transformación, como cuando vemos caer ese ovillo de lana que tropieza y que se expande, dejando esa hilera por todo el cuarto. Esa hilera que contiene todo ese amor que congrega.



sábado, julio 20, 2013

Mi nuevo medio de transporte "old school"




Cuando era adolescente anduve por un buen tiempo en skate, por ahí por los comienzos de la educación media o secundaria. Era divertido dedicar un buen tiempo de ocio para aquel pasatiempo en ruedas. Luego abandonaría aquel afán por otros rumbos, como muchas cosas que se abandonan cuando se tiene 15 años. 

Ahora, en estos tiempos de libros y más libros, descubrí por casualidad un estilo de patinar distinto al que se realiza normalmente o, por decirlo de algún modo, el más popular. Me di cuenta que había gente de mi edad arriba de estas tablas Longboards deslizándose por espacios abiertos, otros con tablas para hacer Cruisers patinando por la ciudad y también aquellas intrépidas tablas pequeñas conocidas como Penny. Fue ahí que sentí esas ganas tremendas de subirme a una de ellas, como cuando uno está haciendo una fila y anhela llegar a su turno. Investigué más y vi que muchas de estas tablas (y su estilo de andar) se asemejan a la usanza del estilo de los años 60, conocido también como "Old School". Y ahí enganché y busqué la tabla que pudiera darme esa sensación, mezcla de libertad y velocidad, y encontré la marca de California "Dusters" que tenía el modelo indicado, el que más me gustaba. Este modelo se llama Flashback y compré la tabla con decisión. La idea era salir a divertirse por el barrio y utilizarla como medio de transporte hacia ciertos destinos cercanos, un medio ecológico y que ocupa poco espacio.

Ahora estoy en estapa de prueba, conociendo la tabla, andando por el barrio. Medio tambaleando al comienzo, más seguro en las últimas horas. Hay que ir con cuidado, claro, pero este deslizamiento (bien distinto a la última gota del vaso) se puede unir al día día de las veredas fácilmente, uniendo la absorbente dinámica de todos los días con un tenue deslizar por el pavimento.


martes, julio 09, 2013

Primer capítulo del programa "Acceso Liberado TV"

Ya está on line el primer capítulo de "Acceso Liberado TV" en donde tuve la oportunidad de participar como invitado (desde el minuto 12 puede escuchar a vuestro servidor). Este programa es un espacio dedicado a difundir la cultura y las artes, realizado en conjunto por Balmaceda Arte Joven, Biblioteca de Santiago y el Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas.


lunes, abril 29, 2013

Rugendas on the road: “Un episodio en la vida del pintor viajero” de Aira

Escrito a partir del libro “Un episodio en la vida del pintor viajero” de Cesar Aira publicado en revista Carcaj. www.carcaj.cl 




Muchos conocerán o habrán oído hablar de Rugendas, Mauricio Rugendas, el pintor. Hay algunas calles de Santiago que llevan su nombre, reproducciones pictóricas en el inconciente colectivo de las personas o en los calendarios de las ferias, pequeñas y puntuales presencias en los museos y un poco de historia que aparece por ahí. Historia básica pero amplia en cuanto a todo el acontecer que llevó a este pintor viajero a venir a Sudamérica y vivir por 8 años en Chile, entre otros lugares, en donde dejó variados y valiosos testimonios del acontecer nacional en ese entonces (entonces de Humboldt, entonces de Claudio Gay, entonces de Andrés Bello) que formaban parte de la paleta de posibilidades que intentó en este continente. Su misión era retratar el acontecer de la flora, fauna y esencia social y cotidiana de lo más representativo de lo autóctono, sin muchas intervenciones de datos, de preferencia, para explorarlo, dibujarlo y pintarlo.

John Moritz Rugendas, nacido en Augsburgo, Alemania, el año 1802, hijo, nieto y bisnieto de pintores viajeros, estaba en este lado del mundo siguiendo la tradición de su vida sin miramientos, sin observar hacia atrás por un espejo que se asoma. Su misión y objetivo era ejercido de manera profesional e intelectual, siguiendo una ruta latinoamericana que lo llevaría a estar de paso en la parte occidental de Argentina, situado en Mendoza y San Luis. Es en este cruce en el que Rugendas, viajando con su amigo pintor Krause y algunos baqueanos, encontraría una historia más grande que las otras historias. Una historia que le cambiaría la vida. Y esta historia, real en su acontecimiento, ficticia en los detalles más geniales de la aventura, es la que el autor argentino Cesar Aira despliega con soltura y maestría en “Un episodio en la vida del pintor viajero” (LOM, 2002). Aira, como un cronista de un cronista, va interiorizándonos de los más variados aspectos de la historia de Rugendas y de todo lo que implicaría “lo previo” a los sucesos de San Luis.

Es en este momento en que la sucesión de intensidades en el entramaje de la nouvelle va desarrollando un cabalgar entre todo lo que acontece, que es, a su vez, el cabalgar constante por la montaña, siendo el detalle del entorno y sus emociones, parte importante de los momentos más álgidos que determinan el proceso central de la historia. En este caso, hablamos del momento “expresionista” en que Rugendas sufre un accidente en las montañas.


Lo que viene después de este terrible episodio es una historia de recuperación y cicatrices que junto a los nuevos desafíos y de una nefasta idea de mejor salud, llevarán a Rugendas a seguir recorriendo lugares hasta adentrarse en lo más profundo de paisajes y situaciones insospechadas. Rugendas se vuelve loco, pero loco de alucinaciones y de dolores eternos como resabios del accidente. Momento fatal, pues el accidente que sufre y se describe en la historia es el alcance de un rayo en una tormenta, que lo atrapa de electricidad sobre el caballo que montaba y lo hace caer. Es ahí donde su rostro se ve perjudicado, junto a su salud completa, pues sus cicatrices faciales formaban un aspecto monstruoso y desfigurado luego de haber estado con atención médica. Pero esto era lo de menos, su rostro era algo que cargaba en su cotidiano cabalgar, igual que sus implementos de dibujo y sus pinturas y que se olvidaban en la noche a la luz de la luna, cuando el descanso se acercaba a partir de un poco de morfina: ¿Era la luna la que iluminaba la cara, o la cara la que iluminaba a la luna?

La lucidez, sin embargo, prevalece en todo momento en sus dibujos y sus pinturas. No deja de pintar mientras ocurre todo este episodio en su vida. Y su osadía, que iba in crescendo, lo hacía tomar decisiones arriesgadas y casi suicidas: Al fin de cuentas, ¿qué podía pasarle? Que lo mataran, nada más. Y eso era un detalle sin importancia. De hecho, cuando sus corresponsales vieran los cuadros resultantes, es decir, cuando su producción llegara a las galerías o museos europeos, con toda seguridad él ya habría muerto. El artista, en tanto artista, siempre podía estar muerto. 

Cesar Aira logra transmitir en geniales acuarelas este episodio en la vida de Mauricio Rugendas, entregándonos la pintura de todos los momentos que sacudieron al pintor alemán en San Luis y acercándonos, al mismo tiempo, a un artista connotado y de importancia histórica, que supo ejecutar de forma excepcional su oficio en estas tierras y que de alguna u otra forma pasa a ser “nuestro pintor”, el que nosotros conocemos y con el cual estamos viviendo lo que pasa en este viaje, uniéndonos a la aventura y cabalgando junto al estero, cuando nos adentramos en ese valle desconocido, que nos anuncia la oleosa cara de la realidad.

sábado, abril 20, 2013

"Estética de la lluvia" por Rodrigo Hidalgo



No suelo, en esta suerte de libreta de apuntes donde registro lecturas, comentar o referir libros de poesía. De un conjunto de cuentos o de una novela uno podrá observar estructura, espesor en los personajes, estilos, qué se yo. Pero en un poema no hay ley. Hasta la gramática y la ortografía son opcionales. Me queda grande la poesía. Sin embargo he de referirme acá a un libro de poesía. Y lo haré siguiendo el único pie forzado que me he impuesto siempre a la hora de comentar un libro (o una obra de teatro o un disco, etc.), esto es: que haya algo a destacar en él, que haya algo que me haya gustado o conmovido. Mi premisa es: si no tienes nada bueno que decir, mejor calla. De ahí que cuando un libro me gusta mucho lo recomiendo con entusiasmo adolescente, incluso más allá de los argumentos serios o formales. A fin de cuentas toda “crítica” es, elementalmente, subjetiva.

Entonces lo primero es decir que este libro de poesía me encantó. “Estética de la lluvia” de Raúl Hernández, creo yo, es lo más logrado hasta ahora en su carrera como poeta. He leído toda su obra anterior, que es muy buena y le ha valido por ello un lugar en la poesía chilena contemporánea. Pero ésta última entrega de Raúl, en lo personal, me pareció lo mejor, lo más conmovedor, para insistir en el verbo.

En “Estética de la lluvia” está presente todo lo que ya venía trabajando Raúl en sus poemarios anteriores: la ciudad de manos en los bolsillos, esa cadencia de peatón, la vida es una moneda. Una atmósfera otoñal-invernal que es al mismo tiempo una melancolía de liceano, el trémolo desperezarse de los gatos en las ventanas. Acá el autor condensa todo esto que estoy tratando de decir en la metáfora de la lluvia. El agua que cae del cielo,el fenómeno atmosférico que por excelencia ha sido imagen de la tristeza. Y sin embargo Raúl demuestra que es una imagen que no se ha agotado, a pesar de las toneladas de boleros que se han escrito y cantado. Yendo aún más lejos, el autor propone una estética al respecto, la convierte en su manifiesto, la hace imagen de su propia poética.

Alguien alguna vez me dijo: Raúl es como un poeta lárico pero urbano. Algo así. Lo cierto es que uno puede hallar incluso en algunos poemas, nostálgicos ecos del más desconsolado Vallejo. Porque la belleza de los poemas de este autor no pasa únicamente por la referida tristeza o melancolía, sino que agotan los elementos que uno podría poner en esta suerte de campo semántico de la lluvia. La fineza o elegancia. La elasticidad o volubilidad para ser ora calma ora violencia, por ejemplo. Lo vernáculo o lo atmosférico, esa línea sanguínea -de nuevo torrente- que ya otros han señalado respecto de la obra de Raúl, y que lo conecta con vates que igualmente asumimos apegados a las manifestaciones de la naturaleza, Tellier o Millán, por ejemplo.

Me cuesta decir algo más. También porque ya alguien de la estatura de Elvira Hernández se ha referido a este libro. Tengo que sí agradecerle a Raúl el que me haya invitado a presentarlo el año pasado en Balmaceda Arte Joven. Tengo que agradecerle que viva en el mismo barrio, que sea mi vecino, que le guste la cueca y toque la guitarra, que tenga la sensibilidad y el compromiso que tiene. Tengo que agradecerle a Raúl este libro. Porque hay días en que uno se levanta con el mundo atravesado en el pecho y es entonces de agradecer tener a mano un libro que lo emocione como éste, un libro al que aferrarse como un náufrago a un madero.

                                                                                            Rodrigo Hidalgo, abril de 2013

Nota al margen: curiosamente los 3 nombres que Raúl me ha traído a colación (Vallejo, Teillier y Millán), llevan en su apellido la doble letra de la lluvia, como un fonema estigmático (LL). ¿?


lunes, abril 15, 2013

Presentación de "Iniciática" de Karla Rodriguez (Cuadernos de Poesía, 2013)

Este jueves 18 de abril presentamos un nuevo Cuaderno de Poesía en la Sala Literatura de la Biblioteca de Santiago. Se trata de "Iniciática" de Karla Rodríguez. Más info en: http://www.cuadernosdepoesiabds.blogspot.com






jueves, abril 04, 2013

Visita a la tumba de Jorge Teillier y al bar El Parrón en La Ligua.







"Para hablar con los muertos 
hay que elegir palabras que ellos reconozcan tan fácilmente 
como sus manos reconocían el pelaje de sus perros en la oscuridad".


J. Teillier


jueves, marzo 07, 2013

Un autor se prepara: Jérôme Lindon, de Jean Echenoz

Escrito a partir del libro Jérôme Lindon de Jean Echenoz publicado en la revista Carcaj. www.carcaj.cl


Imagen: Navaja


En este libro del escritor francés Jean Echenoz (Jérôme Lindon, LOM, 2003) nos adentramos rápidamente en lo que el autor nos quiere dar a conocer. Quizás a manera de homenaje o de inevitable necesidad de develar un estrecho lazo de amistad (y de trabajo editorial), sin introducciones ni preámbulos, el autor nos cuenta su historia junto al editor Jérôme Lindon y de cómo llegó a publicar en Les Éditions de Minuit. No es una novela en sí, aunque funciona como tal. Las andanzas del escritor en primera persona y el editor Lindon van in crescendo en intensidades, incidencias, anécdotas y aseveraciones dignas de ser rescatadas e iluminadas aquí como una lámpara furiosa. Aventuras entre inédito tras inédito, work in progress e ideas para un nuevo libro. Las conversaciones de cada una de estas ideas para ser publicadas y que no muchas veces “convencen”.

Y es así como este libro pareciera ser escrito “en urgencia”, un texto aún en estado de emoción por la partida del editor en el año 2001. Queda de manifiesto esta impresión al mencionar, al final del libro, la fecha de escritura de este trabajo: 2 meses después del fallecimiento de Lindon.

Pero antes de eso, y luego de ir adentrándome en la historia que relata Echenoz y que, con total soltura, va dando socavo a los ires y venires en Les Éditions de Minuit, me fue inevitable tratar de buscar las imágenes de esta historia. Necesitaba conocer el rostro de Jérôme Lindon. Y he ahí la fotografía, la inevitable e inigualable fotografía en blanco y negro. Busco en Internet y encuentro diversas fotografías de Lindon en su despacho, así como también junto a distintos colaboradores y escritores alineados a su editorial, entre ellos, Samuel Beckett, autor que también aparece mencionado en el libro en un fugaz y tímido encuentro con el narrador.

Echenoz en este libro no solo cumple con distinguir la persona de Jérôme Lindon y el respeto enorme que sentía hacia él, sus aciertos, errores y aquella personalidad a veces incómoda, sino que también nos entrega una historia de madurez de un autor. Un mirarse a si mismo y, de forma autobiográfica, declarar una historia real que trasciende sus significados pues, al conocer un poco estos detalles, vamos también aprendiendo al mismo tiempo que el chico tímido y aprendiz que va dando sus primeros pasos en su labor escritural.


Y Lindon: un editor de la vieja escuela, con incidencia clara en el momento histórico editorial que le toca vivir en su país y, en general, en el mundo. Un editor con un desarrollo exhaustivo y con un criterio personal e intransferible. Inevitablemente, una persona que influye en sus autores como un entrenador de fútbol en sus pupilos, que sabe de lo que habla, que da cátedra de un estilo y una forma de pasión. Se puede conocer una forma de ver el mundo, claro, y al mismo tiempo desconfiar de él.

Junto con esto, es importante destacar la vigente obra de Jean Echenoz, quien estuvo en Chile hace un par de semanas dando una conferencia. Sus novelas han ido adquiriendo notoriedad durante los últimos años y goza de un momento pleno de escritura y publicación, lo que sumado a una camada de seguidores y seguidoras que buscan y compran sus libros, lo hace ser un destacado nombre en la actual narrativa en lengua francesa y que desenvuelve sus historias cada, casi, dos años, en la actualidad.

Y me permito formular un par de preguntas: ¿Qué sería de Jean Echenoz si hubiera publicado en otra editorial y no hubiera hecho trato con Jérôme Lindon, es decir, si no lo hubiera conocido? ¿Qué desarrollo hubiera tenido en la escritura de este autor, el hecho de prescindir de trabajar con Lindon y llevar otro camino, seguramente,  distinto?

Son preguntas que, quizás, no tengan mayor importancia en la actualidad, o que jueguen, sin efervescencia, en las probabilidad  especulativa de una historia de vida. Pero en el desarrollo de un autor, de Echenoz en este caso, no sólo nos permitimos admirar el trabajo obcecado y profesional que se le puede atribuir a este oficio de escribir, sino que también podemos ver cómo el toparse con un “destino soñado” y perdurar, como lo ha hecho este autor publicando sus libros en Les Éditions de Minuit puede ser, además de un mérito, una idea de romanticismo feroz.

Y ese romanticismo permanente, llevado al terreno vital de la concreción de proyectos editoriales, será también, al mismo tiempo, una parte esencial en ese laborioso sistema de creación que permanece en esa zona dividida entre flores y alambres de púas. Esa zona literaria que debe ser descubierta. Esa obra imaginada que nos hace tomar nota de lo que ahí se refleja y al mismo tiempo poner atención.

lunes, febrero 25, 2013

Sábado 16 de Marzo: lectura en el Centro Cultural Manuel Rojas


Para agrandar imagen, hacer click en el afiche.


Actividad organizada por John Bacanales e Ian Delgado.
Fotos: Esteban Mery Caballero






viernes, febrero 15, 2013

Un lector de culto: el detective Heredia.

No todos los días te cita un detective privado y menos un grosso como Heredia. En el último libro de Ramón Díaz Eterovic: "El leve aliento de la verdad", el protagonista de todos los libros de Eterovic cita un verso de mi libro Paraderos Iniciales...que honor!!



jueves, enero 31, 2013

"Estética de la lluvia" por Elvira Hernández




Presentación del libro "Estética de la lluvia" (La Calabaza del Diablo, 2012) de Raúl Hernández por Elvira Hernández (Julio, 2012).



Este libro (que se está presentando) busca también su rincón; lo busca entre todo aquello que se escribe en poesía hoy y que presenta una variedad ampliamente desplegada. No en vano la posmodernidad es una señora gorda, escribió en un poema, hace 25 años atrás, Susana Villalba. En estas sobreabundancias que nos enmarcan no hay ya restricciones ni hegemonías en lo que pudiera tocarse poéticamente; al contrario, la proliferación de opciones que tiene quien escribe para sumergirse es tanto un abismo como un cajón de sastre, pero sea lo que sea lo que está marcando estos poemas y que los vendedores de época quisieran etiquetar de mercancía, no es posible pasar por alto que es un tiempo omniabarcador el que tiró sus redes y que ahora cree poder cosechar.

Inserto en este panorama, Raúl Hernández no intentó bucear por ese lado. Cualesquiera que hayan sido sus experiencias con la teoría globalizada, me parece que ha ido en otra dirección que no fue la cantada posmoderna sino la que él amalgamó. Lo digo por el destilado de melancolía con que impregna sus páginas, rumbo que no le habrá sido fácil de seguir, aun cuando este haya sido el mismo perseguido; pues, estas direcciones genuina son las más elusivas, sobre todo si permiten a los poetas emitir sus más seguras - e inseguras por lo propias – señales. No obstante, son las únicas que se pueden considerar legítimas.

Raúl Hernández ha tomado, entonces, el riesgo de volver sobre sus pasos pero no por involución sino por avance. Es un trayecto en el que se reconoce, se fortalece, se corrige y en el que ya habrá visto su camino de perfección. Ahí también lo reconocemos nosotros, emergiendo del legado que le entrega la poesía chilena, aquella más apegada al suelo. Las voces de Teillier, Rolando Cárdenas, Omar Lara, Efraín Barquero y Gonzalo Millán me parece que lo han rozado con el desarraigo humano y la destrucción de los espacios, que Raúl recoge en un pedazo de ciudad, donde las vidas pasan y caen como cae en silencio la llovizna.

Estética de la lluvia, su libro, abre su espacio en ese pedazo de ciudad que llamamos barrio, que a penas sobrevive y que es opuesto a la urbe que con su maquinaria, sus torres y mecanismos llamados “inteligentes” lo bordean e interprenden. El barrio, aquel al que se refiere, es todavía un lugar apegado a la tierra, al barro, a la esquina, al bandejón, al pie; a una traslación afín a la extremidad humana, al trashumar de los cuerpos y sus objetos empapados de vida, lluvia y alcohol, tal es la dureza de aquello que hospeda. El mapa de sus calles se extienden en los poemas, las cascarillas de sus nombres revelan por un momento lo que son: la orfandad en Huérfanos, por ejemplo, o un paraguas degradado a escoba barrendera para una vía – Almirante Barroso - que ha perdido su almirantazgo, o bien, la confesión de una subjetividad remecida: “soy una espera frágil”, en el poema titulado Libertad.

Me detengo por último para acentuar la expresión “estética de la lluvia” – prisma para el que lee, pincelada para el que escribe – pues me parece que es algo más que un buen título. Creo que es expresión clave y señuelo de estos poemas que nos permiten identificar marcas, énfasis, apropiaciones y localizaciones subrayadas con las imágenes de esa agua que viene de arriba y que cubre con su pátina líquida, lo de abajo, ese paisaje siempre en tránsito, cambiante pasajero. Porque como dice Joubert “los lugares mueren como los hombres aunque parezca que subsisten”. Algo de eso, si no su piedra angular son estos poemas, memoria de un momento.

martes, enero 22, 2013

"Polímetros" de Gonzalo Yáñez



Presentación de "Polimetros" de Gonzalo Yañez por Raúl Hernández (enero, 2013).


Cuando sales a la calle y cuando mides la escena total de las cosas, cuando auscultas la caminata, la andadera fulminante que no tropieza, sino que se expande por el asfalto, es cuando las luces de neón intentan decir algo que parece familiar y que estorba como la infinitud de cosas prometidas en la acera capitalista. Cuando mides las distancias de todo esto y te reflejas en un escaparate y ves tu rostro y el espejismo de las personas al pasar, esos son los lados esenciales que permanecen en este Polimetros de Gonzalo Yañez.

Busco la información que me defina esta palabra de mejor forma: Polimetro: aparato de medida multifuncional, es decir, que con él se pueden realizar medidas de diferentes maginitudes. Y luego más: con un Polímetro se pueden realizar tres tipos básicos de medida. Estos son: Tensiones, Intensidades y Resistencias.

Podríamos decir que en este poemario hayamos esas tres medidas de lo cotidiano: las tensiones que transgreden nuestro difícil tránsito, las intensidades propias de la avalancha de las ciudades y la resistencia, en general, del ciudadano, citadino, miembro de la polis. Y es entonces cuando aparecen las señales de nuestra habitual sociedad de consumo. Las zapatillas anheladas, la comida rápida, la publicidad en el metro y la televisión. Por que lo que pasa ahí es lo que se vive día a día y forma parte de lo que prima, de lo que acontece en mayor forma hacia lo contingente, lo que indica cómo se tiene que vivir. Y todo esto pasa entre andenes de metro, estamos de pronto en un vagón que pasa por Madrid, por Belleville, Vicuña Mackenna y Puente Alto. Viajamos y somos parte de un poema que aparece a un costado de la puerta del vagón.

Y es la ciudad, la ciudad que sucede y se expande y es transitada y viajada por sus habitantes, esta ciudad que son muchas ciudades a la vez, con todo eso que conocemos como “mercado” que se oferta al mismo tiempo como una asimilación de la palabra “pueblo”.

Polimetros de Gonzalo Yánez, es una agenda declaratoria en donde aparecen apuntadas las vivencias y sus resultados, la voracidad de lo inmediato y práctico en esta búsqueda de cada paso que damos, olfateando los decibeles de los ejercicios de poder idiotizante y todas sus posibles trampas. Allí están los poemas que nacen desde la rutina de pensar y pensarse, con la misma esperanza de quien lanza la última piedra al rió antes de ir a dormir. Las medidas y sus tensiones, intensidades, y resistencias. Un Polímetro de inmensa energía que nos dice cuanto mide el estar despierto.